Por primera vez en Chile se expondrá la replica de reliquia más preciada por la Iglesia Católica donde existen varias hipótesis sobre la tela que habría  cubierto  al hombre de la cruz.

Por Ignacia Molina

El Santo Sudario, el manto que habría cubierto el rostro y cuerpo de Jesucristo tras su crucifixión, se exhibirá hoy por primera vez en Chile en marco a la celebración del aniversario del número 30 de la Universidad Finis Terrae. Si bien, existen varias réplicas de la tela que se venera como objeto de culto, que por varios siglos ha sido la respuesta de diversas preguntas que han surgido en torno a esta emblemática pieza. Este simbólico tesoro de la Iglesia ha sido un objeto de cuestión, provocando  mitos y leyendas sin concretar.

Aunque ningún Papa lo haya reconocido oficialmente como la tela que cubrió el cadáver de Jesús. El  actual Arzobispo de Santiago, el Cardenal Ricardo Ezzatti , señaló “está en la fe cristiana y en la fe de la Iglesia creer que se trata de la vida gloriosa”, señaló en respuesta la exposición  de la pregunta “¿Quién es el Hombre de la Sábana Santa?”.

Lo que es un hecho es que el Santo Sudario, también conocido como Sudario de Turín o Sábana Santa, es una tela que mide 4,36 m x 110 m y se encuentra en la capilla real de la Catedral de San Juan Bautista, ciudad de Turín, Italia y es propiedad de la Iglesia Católica desde 1983. Durante muchos años se ha debatido la autenticidad de este lienzo, donde algunos afirman, que es el Sudario que fue envuelto  Jesús  después de haber sido descolgado de la cruz y colocado en el sepulcro durante su crucifixión, y otros argumentan que se trata de una falsificación de la época medieval. La primera afirmación es debido a que existe una hipótesis sobre que la tela de lino realmente  perteneció a Jesús, ya que presenta marcas similares a las causadas por una crucifixión, caladuras de sangre en la frente y  heridas al costado derecho.

Las huellas que ha dejado el Síndone, este lienzo que ha provocado la incertidumbre de su origen ya que  que comenzó  en 1898 en Turín , con el abogado italiano Secondo Pia, quien fue autorizado a fotografiar la Sábana Santa y fue en ese entonces donde vió formarse la figura de un hombre con un rostro evidente, en el cual, se desarrollo la supuesta  teoría que establece  que   José de Arimatea depositó el cuerpo de Jesús en el sepulcro  después de haberlo envuelto en el manto sagrado.

Si bien, la emblemática pieza ha sido por varios años un objeto de cuestión, ya que todavía no se tiene claro como apareció la imagen de un rostro ensangrentado, lo que ha provocado que surjan diversas teorías al respecto,  pasando a ser un instrumento desconcertante para la sociedad. Las teorías que han surgido respecto a la tela emblemática van, desde que, la imagen se debe netamente a procesos naturales, otros apuntan a que se debe a una pieza creada por falsificadores medievales de reliquias u otros afirman que se debe a las heridas  de la crucifixión de Jesús de Nazaret.

Los científicos involucrados en la investigación del tesoro de la Iglesia, que integran Materiales del Trieste y del Instituto de Cristalografía de Bari, determinaron que este emblemático manto presenta rastros de sangre humana, tal como lo aclaró el jefe a cargo de la investigación, Elviro Carlino, quien especificó que el proceso del icónico tejido se realizó bajo el sistema de microscopía electrónica y difraxión de rayos X, lo cual, permitió que se hallarán pequeñas moléculas en el manto.

Varios estudios e investigaciones realizados a la Sábana Santa han llegado a múltiples conclusiones, tales como, la herida de las manos no aparece colocada en las palmas (donde una falsificador la habría representado, de acuerdo con la  tradición iconográfica), sino que se encuentra en las muñecas, otra de las conclusiones que se han podido sacar es que las manos presentan solo cuatro dedos producto de que el pulgar se repliega como consecuencia de la herida del clavo en la muñeca. Estas son  solo hipótesis, ya que nadie ha podido certificar que se trate del cuerpo de Jesucristo.

La postura de la Iglesia frente a esta emblemática pieza, que si bien, es propiedad de ella, no ha reconocido oficialmente como el manto que cubrió el cuerpo de Jesús durante su crucifixión, pero es la reliquia más preciada  del poder eclesiástico y es unos de los objetos más valiosos en el mundo, pues  ha conmovido tanto a creyentes y laicos.

 

 

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