Casi un 40% de la población chilena está vinculada al habito de fumar, según la encuesta Adimark, el país presenta el primer lugar mundial de consumo de cigarrillos entre adolescentes. Por eso, la gente busca soluciones alternativas al vicio, llegando a los cigarros electrónicos, también conocidos como “ecig” o vapeadores.

Hay de distintos diseños, algunos son hechos a semejanza de un cigarro de tabaco, otros son casi como un lápiz un poco más grueso, siendo un tubito largo de metal con boquilla. Estos dispositivos liberan un vapor que puede liberar nicotina o solamente vapor con aromas. Y se pueden encontrar en GrowShop’s, tabaquerias, y tiendas especializadas en estos productos.

Pero, ¿son realmente efectivos estos artefactos? quienes los utilizan, ¿se hacen adeptos o adictos?

En un principio eran una propuesta novedosa, y supuestamente, comprobada para dejar de fumar, con riesgos mínimos en la salud de sus usuarios, pero los años han demostrado lo contrario.

En enero un estudio realizado por la facultad de medicina de la Universidad de Nueva York y publicado por la Academia estadounidense de Ciencia (PNAS), señaló que fumar cigarros electrónicos podría aumentar las posibilidades de sufrir enfermedades al corazón, diversos tipos de cáncer y causar daños en el ADN de los órganos. Además de que esta actividad no garantizaba el dejar de fumar.

En países como Argentina esta prohibido, desde el año 2011, la importación, distribución, comercialización y  publicidad del cigarrillo electrónico. A pesar de ser “ilegal”, no es difícil de conseguir. En cambio en nuestro país no hay ninguna ley que restrinja, ni siquiera, los lugares donde se puede utilizar el aparato. Es decir, el fumador de vapeador puede hacerlo donde quiera.

El medico broncopulmonar, y jefe del programa “A todo Pulmón” de la Clínica Alemana, Fernando Descalzi, comentó los efectos que podría traer el ‘vaping’. “Hay que entender que, cualquier cosa que no sea aire, y uno se meta en los pulmones hace mal. La gente tiende a pensar que son saludables, y hay que tener claro que buenos para la salud no son”, parte explicando.

El especialista cuenta que las principales sustancias que contiene el liquido del vapor de estos dispositivos son: propilenglicol (generalmente alrededor del 70%) y/o glicerina vegetal (generalmente alrededor del 20%), nicotina en diferentes dosis (entre 0 mg y 54 mg/ml), además de metales tóxicos para la salud. Destaca que mediante diversos estudios se ha comprobado que el vapor de estos dispositivos puede afectar a quienes no los usan y exponerlos a sustancias cancerígenas o irritantes del sistema respiratorio.

Descalzi explica que, “los cigarrillos electrónicos contienen nicotina y su vapor calentado al máximo y aspirado profundamente, puede llegar a generar formaldehído, una sustancia que lo hace entre cinco y 15 veces más cancerígeno que el tabaco común, según estudios del 2015”. También comenta que aún no hay estudios que comprueben la efectividad de estos cigarros electrónicos, pero hasta ahora el daño es mayor que el beneficio.

El tabaquismo  representa la principal causa, prevenible, de discapacidades, enfermedades y mortalidad, en Chile y el mundo.

Y por eso el doctor cree que es necesario regular no solo el consumo de cigarrillo sino que también de vapeadores. “Se debería prohibir la adquisición de estos dispositivos a menores de edad. Está comprobado que son un puente para el hábito del tabaquismo. No es bueno que un adolescente pueda acceder al cigarro electrónico tan fácilmente”, comenta, dejando en claro que estos dispositivos ,en algunos casos, pueden tener el efecto contrario a lo que se busca, generando una dependencia del vapeador.

Por otro lado, Omar Sales, de 28 años de edad, y fumador desde los 16, se cambió hace exactamente 73 días de los cigarrillos normales a un cigarro electrónico.

En su experiencia propia, este tipo de  cigarrillo genera un habito distinto, en el que, básicamente, no puedes dejar de echar humo. “Cuando lo tengo a la mano no puedo dejar de usarlo. Pasa a ser rico y entretenido, uno le va cambiando los sabores, y obviamente, la cantidad de humo que hechas es más que en la de un cigarro normal, se siente rico”, comenta el joven. Quién además agrega que no lo recomendaría a alguien que quiere dejar de fumar, porque el hábito cambia, pero no se deja.

Aunque, como muchos usuarios de estos cigarrillos, Sales, no tiene la más mínima idea del daño que pueden causar este tipo de alternativas, “la verdad una vez leí que era en un 95% menos dañino que el pucho, y me quedé con eso. No me he actualizado en el tema”, dice.

Parecido es el caso de Pablo Quiroz, de 46 años de edad, y fumador desde los 17, quién desde esa edad fumaba aproximadamente una cajetilla y media de cigarros al día y decidió cambiarse a un cige hace 3 años. “Me estoy ahorrando un montón de plata. Y siento que no afecta a mi rendimiento físico como si lo hacia el cigarro”, cuenta.

Pero si acepta una dependencia al  aparato, “lo llevo a todas partes y piteo siempre. En ese sentido no he logrado dejar de fumar, y quizás incluso fumo más que antes, solo que no siento ninguna consecuencia, no me duele la garganta ni me siento cansado. Además no es la la lata del cigarro común y corriente de prenderlo y tener que estar en un lugar abierto. Con esto es cosa de, donde yo quiera, apretar un botón y listo”, explica.

A pesar de que los estudios atestiguan que el cigarro electrónico puede llegar a ser aun más dañino que uno normal, los adeptos y adictos a estos dispositivos son cada vez más. Y la variedad de marcas, diseños, y puntos de venta es cada vez más amplia.

 

 

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